viernes, 18 de diciembre de 2009

Reseña de "Manual para cazar plumíferos"


Plumíferos flamígeros…

Por: Jorge A. Salcedo. Ch.


Si a Leonardo Aguirre (Lima, 1975) tendríamos que ponerle una etiqueta o clasificarlo de alguna manera sería, probablemente, nuestro Roberto Bolaño particular, personal, muy peruano. Como se sabe, el chileno Bolaño (para mi gusto el mejor escritor latinoamericano post-boom) vivió, o malvivió, durante casi toda la década del 80, del dinero de los premios que ganaba en concursos literarios en España; Aguirre, por su lado y a su modo, también es un nombre recurrente en los concursos literarios locales; entre otros reconocimientos ganó: la Bienal de Letras de la Universidad Católica, además, fue dos veces finalista de El Cuento de las 2000 palabras organizado anualmente por la revista Caretas.

Con esas credenciales, Leonardo Aguirre publica su primera entrega: Manual para cazar plumíferos; un libro de cuentos experimental bastante irregular con momentos de mucha lucidez y otros francamente decepcionantes. En casi todas las historias, Aguirre nos presenta a un escritor inédito que indefectiblemente posterga su primera publicación.

El conjunto del libro se abre con:” Café Milton y cordero con Saki”, el cuento más logrado y ambicioso de toda la colección; en este relato, Aguirre narra la historia de Chipana, un joven que pretende participar en un concurso literario y acude a la casa de un viejo profesor en busca de concejo. El profesor es un escritor que ha ganado todos los premios de cuento pero que jamás ha publicado un libro, además, tiene la particularidad de utilizar los restos de su biblioteca para comer, beber y fumar: páginas de libros le sirven como filtros de cigarro, materia para preparar bebidas espirituosas e incluso ingredientes de cocina. La posibilidad de metáfora en “Café Milton…” es que el viejo viva literalmente (en el sentido más denotativo de la palabra) de la literatura; además, mediante un ingenioso truco urdido en este primer relato, Aguirre nos remite a todos los restantes; ya que se presentan como cuentos con los que el viejo escritor ha sido galardonado. En este cuento, el sentido del humor mordaz e ingenioso fluye natural, matizado con un lenguaje inteligente.

Continua en la misma saga “Sandrita, Pattie Boyd y Michelle ma Belle”, otro texto con virtudes esta vez referidas al manejo del lenguaje. La prosa, otra vez, fluye tersa con una clara influencia de Manuel Puig, y el Cabrera Infante de “Tres tristes tigres”; aquí, Aguirre asesina al narrador tradicional y construye un relato notable basado únicamente en el discurso de los personajes.

“¿Doctor Luber?”, el tercero de la colección, es un cuento con un nivel bastante menor, en donde el autor introduce un final abierto a lo Carver que nunca termina de convencer. La temática es sórdida y su lectura nos llevará a relacionar la narración con algún tipo de cómic cuyo único afán es el divertimento.

Los relatos restantes, “Mapa de tu espalda”, “Un Blackbird en el Money Pie” y “Sueño 9” son cuentos con una factura mucho más tradicional con un tópico común: la beatlemania. Los últimos textos que completan la serie, “Con Paola no puedo” y “Crucidrama”; son extravagantes ejercicios de estilo que no llegan a cuajar del todo y que curiosamente Aguirre también reconoce en” Café Milton y cordero con Saki”: "Con Paola no puedo... quizá parezca un simple ejercicio formal porque... bueno, lo es. (p.23)."

Redondeando, resulta necesario afirmar que Manual para cazar plumíferos apunta a la originalidad en el trabajo y en la construcción final. Sin embargo, no creemos equivocarnos cuando señalamos que estamos ante dos autores distintos; un Aguirre con una audacia y personalidad en el tratamiento del lenguaje (sobre todo en los dos primeros cuentos), y otro Aguirre experimental con un dudoso manejo del monólogo interior. Ojalá sobreviva el primero.


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