sábado, 19 de diciembre de 2009

Reseña de "Confesiones de Tamara Fiol" de Miguel Gutiérrez.

Radiografías personales

Por: Jorge A. Salcedo. Ch.

Si hay un autor capaz equilibrar la balanza, de hacerle frente (literariamente hablando, obvio) al bravo, al maestro, al Obi-Wan Kenobi de la literatura peruana: Mario Vargas Llosa; ése es, sin duda, el piurano Miguel Gutiérrez. Y es que no es casualidad, por ejemplo, que su ambiciosa obra “La violencia del tiempo” (1991) haya sido considerada, unánimemente por la crítica, como una de las mejores novelas peruanas de finales del siglo XX. Ahora Gutiérrez, considerado como uno de nuestros mayores novelistas vivos, publica con Alfaguara (lo cual es una verdadera y agradable sorpresa) “Confesiones de Tamara Fiol”, la historia de vida de una izquierdista y feminista limeña.

La carrera artística de Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) siempre estuvo inclinada en torno a una “literatura comprometida”, es decir: la crónica social como expresión literaria. Recordemos, además, que a mediados de la década de 1960, Gutiérrez fue una de las voces más significativas del grupo Narración. Así, es precisamente a finales de la década del sesenta cuando publica su ópera prima: “El viejo saurio se retira” (1969) novela donde el autor desliza el germen de la mayoría de las historias que desarrollará en décadas posteriores. Una muestra de la construcción de un universo narrativo sólido y sobre todo coherente.

“Confesiones de Tamara Fiol” (Alfaguara, 2009) no es la excepción. Pensemos por ejemplo en el libro “Cinco historias de mujeres y una de Tamara Fiol” (FEC, 2006) una antología personal que reunió fragmentos de seis novelas de Miguel Gutiérrez y donde se esboza desde ya, en el relato que cierra esa obra, la fascinante historia de esta activista limeña de izquierdas.

Es así como llegamos a este nuevo libro que no es otra cosa que el desenvolvimiento de la historia de Tamara Fiol en toda su extensión. Estamos en la Lima de inicios de los noventa. La atmósfera creo que se intuye: como parte de la rutina, coches bomba revientan por toda la ciudad. Un cronista de guerra free lance: Morgan Scott Batres, el narrador principal del libro, mitad norteamericano, mitad salvadoreño, ha publicado un reportaje en el Newsweek sobre las mujeres de Sendero Luminoso. Sin embargo hay algo en el transcurso de su investigación que lo ha dejado intrigado, varios de sus entrevistados han coincidido con pronunciar un nombre: Tamara Fiol. Ahí estará el motor y motivo (esa frase está de moda ¿no?) que conducirá el argumento de toda la novela.

Ahora, ¿Cuál fue el objetivo que tuvo Miguel Gutiérrez al escribir un texto tan ambicioso (tiene más de 400 páginas) como “Confesiones de Tamara Fiol”? Sin duda fue el de pintar un gran retrato social que atraviese la historia política del Perú; desde inicios del siglo XX hasta comienzos de la década del noventa. Y en parte, Gutiérrez logra su cometido, porque el autor, apelando a la técnica de las cajas chinas, y a su gran capacidad de fabulación, agrega a la columna vertebral de la novela (que son los diálogos entre Tamara y Morgan) otras historias y personajes secundarios que van sucediéndose uno tras otro abriendo un abanico de nuevos espacios narrativos. Así, en las páginas de “Confesiones de Tamara Fiol”, van desfilando personajes como: Ramiro Fiol, abuelo de Tamara, fundador del anarquismo en el Perú y amigo de Manuel González Prada, también aparecen ligados a los Fiol, Mariátegui, César Lévano, Sánchez Cerro, Vallejo, Haya de la Torre, Leguía, etc.

Sin embargo, decíamos que Gutiérrez logra sólo en parte pintar el gran mural del Perú político del siglo XX porque, a pesar de todos los personajes históricos que aparecen en el libro, estos funcionan apenas como un decorado de escenografía. ¿La razón?, desde el título de la novela se anuncia: no es un retrato político, son las “confesiones” íntimas, personales de los personajes. No es casualidad, entonces, que la principal tensión dramática de esta monumental novela no sea una conspiración política, si no la relación amor-odio, entre Tamara Fiol y el camaleónico abogado Raúl Arancibia. Finalmente, ¿Gutiérrez intento escribir una novela política a lo “Conversación en la Catedral” o al estilo de “El año que rompí contigo” y no le salió? No importa. Lo que verdaderamente interesa es que el escritor piurano nos ha regalado una historia maravillosa escrita con una prosa trepidante, que, a pesar de sus 437 páginas, es posible, casi casi, leer de un sentón.

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