sábado, 19 de diciembre de 2009

Fragmento de la novela "Febrero lujuria" del escritor puneño Christian Reynoso.


“…el festín orgiástico de la danza de la Diablada empezó alrededor de la Virgen de la Candelaria. Cientos de diablos con trajes rojos, dorados y amarillos candela empezaron a saltar, agitando sus melenas y haciendo sonar los cascabeles de sus botas en perfecta armonía con la música de la banda. Y el olor a azufre y a incienso se sintió, mágico, desde el suelo y todos, señores del mal, extendieron sus trinches a los mortales espectadores para atraerlos a su frenético danzar (…) en el frenesí del sicuri, llegaron a una esquina y se perdieron, y qué importaba, dijeron, si con Mañazo no había caso, y nuevamente el repique de la tarola ametralló y los sonidos de las zampoñas emergieron desde las gargantas: saliva dulce, ron con Coca-Cola, bolita de coca, mamita Candelaria, Mañazo, Mañazo, energía del diablo, latido del corazón.”Haciendo uso de la ficción, Febrero lujuria recrea la festividad de la Virgen de la Candelaria, celebrada cada febrero en Puno, en la sierra sur del Perú. La historia transcurre en Lago Grande, ciudad ficticia donde los numerosos y variopintos personajes que aparecen a lo largo de la novela se ven entrelazados en el transcurrir de una gran fiesta de veneración. Pero cuando llega el mes de febrero y la festividad, ¿acaso no es el Diablo quien se apodera de los corazones de los ciudadanos para desafiar al bien y dar rienda suelta a los instintos de un festín orgiástico de danza, lujuria y fe pagana? Pregunta complicada si se piensa en los orígenes, supuestamente incorruptibles moralmente, de los personajes que dan vida a Febrero Lujuria, seguramente una de las novelas peruanas más interesantes de los últimos tiempos.El poeta Núñez; la flamante Señorita Reina del Folklore, Paola Candelaria; el reverendo y misterioso padre Esquivel; los visitantes franceses monsieur Wieland y su hija Katherine; el mochilero argentino, Guillermo; el famoso danzarín, don Ignacio; el ladrón y hombre de mala vida, loco Montalván; la prostituta brasileña, Mirandiña; el entusiasta y joven danzarín devoto de la Virgen, Pepe Ramos; el iconoclasta tío Augusto; el libertino joven Lizandro, entre otros, son algunos de los personajes de esta inquietante primera novela de Christian Reynoso.

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