miércoles, 6 de abril de 2011

Un nuevo género: las novelas de laboratorio

Científicos, teorías y fórmulas marcan la consolidación de un nuevo género narrativo llamado "Lab lit".





Como en toda demarcación arbitraria, los límites sacan chispazos. Los defensores de la “lab lit”, por ejemplo, incluyen entre sus huestes a Crímenes imperceptibles de Guillermo Martínez (en donde se mezclan matemática y asesinatos), La radio de Darwin de Greg Bear (sobre retrovirus y evolución humana) y algunos –no todos– también mencionan a El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon. Eso sí: nadie sabe muy bien si meter o no en esta categoría best-séllers como Cryptonomicon de Neal Stephenson sobre criptografía, la Trilogía de las Revoluciones del escritor irlandés John Banville ( Kepler, una novela –1981–, The Newton Letter: An Interlude –1982– y Doctor Copernicus –1984–) o La tabla periódica (considerado por la Royal Institution de Inglaterra el mejor libro de divulgación científica de la historia), una colección de historias donde el italiano Primo Levi a veces ficcionaliza y a veces cuenta en clave química sus experiencias en un campo de concentración nazi. O Nunca me abandones (2005) una especie de distopía de Kazuo Ishiguro sobre chicos clonados y criados como donantes de órganos, historia recientemente llevada al cine.

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