sábado, 11 de febrero de 2012

VANO OFICIO-Reseña de "Ojos de pez abisal" en el Blog VANO OFICIO del Diario el País de España.

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Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario


Un lugar para descansar

Voy a hablar de un libro invisible. Es un libro que existe y está publicado, pero es invisible pues ha pasado inadvertido para la prensa y, por consiguiente, para las librerías, quienes le permiten dejar pocos ejemplares o, simplemente, no aceptan ninguno dado que no apareció en los medios. Y es una lástima porque ese libro es, para mí, el mejor que se publicó en el Perú en el 2011 y, por consiguiente, uno de los mejores libros latinoamericanos de estos años.

Se trata del libro de Ulises Gutiérrez Ojos de pez abisal. Él es alumno mío en los talleres de narrativa, lo que ha resultado ser una enorme fortuna para mí antes que para él, pues gracias a ese hecho anecdótico he podido enterarme de la existencia de su obra. Ha sido publicado por una editorial alternativa provinciana llamada Bisagra Editores y no es el modelo de escritor con glamour que uno suele esperar: es provinciano en Lima, más bien discreto y callado, ingeniero sanitario de profesión y de casi 40 años. Eso también ha contribuido, qué duda cabe, a su invisibilidad. Sin embargo, su talento y su voz asoma con firmeza en esta novela extraordinaria.

Ojos de pez abisal comienza en un bosque artificial en la estación de trenes de Kioto y termina en un retorno a Samaylla, el pueblo andino donde nació el protagonista, apodado Zancudo. Es una novela de aprendizaje donde se recorre, en retrospectiva, la vida de Zancudo, mientras narra en simultáneo el reencuentro con su amigo de la infancia en Kioto y su vida como becario en Japón. La amistad es un tema fundamental, pero también el amor. Encontramos un warma kuyay (amor de niño) hacia Celina, una muchacha tan dulce e ingenua como una paloma de campo, y termina con la detallada relación con una japonesa, experta en peces, de bellos ojos verdes y que se hace entender en un castellano aprendido en México.

Durante toda la novela, la sensación del protagonista es la desarraigo. No encuentra paz ni lugar de descanso en el exterior (huye de Samaylla hacia Huancayo, luego a Lima, después a Kioto) ni en el interior, porque su vida está signada por la muerte de su hermano a manos de un patrulla senderista. Una asesinato que él está decidido a vengar. El destino le da la oportunidad de cumplir con su amenza al encontrarse por casualidad con el asesino. La novela, que hasta entonces era amplia, de múltiples voces y escenarios abiertos, hace un close up sobre estos dos personajes, un contrapunto maravilloso donde la "verdad" (es decir, las distintas versiones de un mismo hecho) muestra su pluralidad y cada uno se presenta como víctima. Y es que fue eso lo que ocurrió, aunque ninguna novela lo haya dicho con tanta solvencia como la de Ulises Gutiérrez, en la década de los 80: los peruanos fuimos rehenes de una espiral de violencia cuyas consecuencias aún las pagamos como país.

La novela es una exploración sobre esos años, pero en todo momento evita el sesgo ideológico y más bien se vale de diferentes discursos (oralidad, cartas, emails) para dejar libre la interpretación. Zancudo es un personaje que vive en la confusión perpetua, que incluso piensa en el suicidio porque no pertenece a ningún mundo. O, mejor dicho, porque ha extraviado su mundo. Aquí el autor se muestra como un heredero directo de José María Arguedas y aquello que Mario Vargas Llosa calificó como la utopía arcaica; el lugar idílico perdido, ubicado en el mundo andino, y que es un espejo del mundo incaico, honesto y puro. Desvanecida la utopía, las escenas de Zancudo y su amigo reunidos en un Japón lleno de turistas y agitado por la proximidad del Mundial de fútbol del 2002 solo fortalece la sensación de desarraigo.

Ulises Gutiérrez no necesita dramatizar el escenario de la violencia política. Al contrario, los personajes de Ojos de pez abisal están instalados en un mundo fracturado pero, al mismo tiempo, global, que lo mismo cantan un huayno como "Porfía" o son fanáticos del rock progresivo. En una de las primeras escenas, un comandante de la policía libera a Zancudo de la leva porque puede reconocer en la radio de un camión "Breakfast in America" de Supertramp. La escena puede parecer frívola o poco creíble para quien espera una novela andina clásica. Pero aunque algunos capítulos son muy dolorosos y explícitos (como el del asesinato de su hermano), no hay en Ojos de pez abisal un sometimiento al molde de la novela política o indigenista sino la lectura que hace de esos años un testigo privilegiado.

Un pez abisal es una especie de la fauna marina, de aspecto monstruoso, que habita a partir de los 2,000 metros de profundidad. Como a esa profundidad no existe la luz, algunas especies han conseguido hacerse de una bolsa encima de los ojos, a manera de linterna, cargada de bacterias que brillan en la oscuridad. Es decir, los peces abisales en vez de renunciar a sus ojos han decidido generar su propia luz sometidos al abismo. No encuentro mejor manera de definir a Zancudo y la oscuridad donde está sumergido, pero ante la que no se rinde. El protagonista es un errante, pero también un superviviente. El regreso a Samaylla (que implica el traslado de la artificialidad del bosque de la estación de Kioto hacia el campo real, el de su infancia idílica) viene con un regalo. Samaylla, informa el narrador en las últimas líneas, significa un lugar para descansar.

Al igual que el mexicano Yuri Herrera, por poner solo un ejemplo, Ulises Gutiérrez es una de esas voces del interior que, al mismo tiempo, reafirman y desafían la tradición literaria de sus países. No es de extrañar que pronto esa invisibilidad aparente que sufre su novela se transforme en una justa visibilidad en las librerías peruanas y, por qué no, latinoamericanas y españolas. Lo vale.

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